Nace el hombre con libertad

y muere con libertad

forjando su destino

vive en una nube espacial

con toda suerte de ataduras

librándose poco a poco de todas ellas

dignidad, veracidad y sinceridad

son piezas clave en los anhelos que guardan nuestro corazón

para conquistar el infinito

con amor y sensibilidad

capeando toda suerte de engaños

en defensa propia cara a la felicidad

aunque suene a utopía

por el mero hecho de no tender a la aniquilación

y conservarnos.

Gracias a ésto, en un mundo vital

y derribar los entuertos para redimir el trance

a que nos vemos abocados

y conseguir que el hombre progrese

cambiando él y el entorno que surge ante él

en determinadas situaciones.

La soledad es un fenómeno que existe en el interior

e influye en el exterior del mundo real.

La vida sigue y no se detiene a favor

apostando por un mundo en paz

la mayor gloria es dar la vida por sus semejantes

en aras del bien de la humanidad

sin ninguna clase de egoísmos.

Las tinieblas es preciso sojuzgarlas y apagarlas

para conseguir que la luz brille en el firmamento.

La bondad, tal como suena, es un ejemplo a seguir

para vivir haciendo el bien incondicionalmente.

Todos formamos parte de un todo

y el todo, parte de nosotros mismos.

La vida es competencia

y la competencia es la vida misma.

Digamos que es el envés de la muerte

o la muerte el envés de la vida

como lucha que hace que sobre todo

el ser humano cree un efecto rebote

para que aparezca el entendimiento y la voluntad de bien

incluso hasta el fondo y debajo de las piedras.

La armonía tiene que tender a un equilibrio

en el que las fuerzas de la gravedad sobre la vida y la muerte

surja de una órbita parabólica que no se salga de ella

para no provocar el caos o corregirlo

siendo que los sueños siempre deriven en la palabra mágica

y tan anhelada que es la felicidad

que alguna vez se cierre con broche de oro.

El perdón nos trae como consecuencia

pasar de un mar embravecido a un mar en calma

y de buenos presagios.