La pieza blanca es la luz, la pieza negra es la obscuridad. Como entre todos los entresijos de la vida, la luz vence a la obscuridad, y la obscuridad es vencida por la luz. El sol se pone y es capaz de generar vida, siempre y cuando haya creación. El éxtasis es como el sol que sale produciéndose y generándose una gran explosión de vida, hasta alcanzar el placer, sin tener previsto que, esforzándonos demasiado, coger el plato alcanzando la mano.

Todo lo que sube, baja; y todo lo que nace, muere, hasta alcanzar en su plenitud la esperanza, en esa gran eclosión que todo lo renueva. Surge el sol en lo alto del cielo para abrir con sus llaves la puerta de la muralla a lo largo del día. Y en una noche de luna estrellada, el límite se pone en el justo precio de entradas y salidas. La abejas reparten dulzura para que la hiel no se nos coma. Dulce como la miel: la miel no está hecha para la boca del asno, nobleza baturra. Miel para lo profundo y miel para lo práctico, sin las abejas el mundo desaparecería. La profundidad no está reñida con la risa, que es la expresión máxima de la alegría. Los ideales nobles dan calor allí donde haya confusión, sacando adelante a los fuertes cuando están humillados, y ayudar al débil cuando cae en una ciénaga de fango putrefacto. La verdad y la libertad están en el fondo de nuestro corazón para ser derrochada con generosidad, en toda su extensión de la palabra. En paz, justicias, equidad, ecuanimidad y toda serie de fortalezas.