Aseveraciones y reflexiones del devenir.

El destino se forja como se forja una espada en la fragua de Vulcano.

El destino cae dentro de nosotros mismos

que crea riqueza espiritual y material

para transformar nuestro mundo interior

y el que nos rodea

como flor que nace y se la lleva el viento.

El destino es trabajo

apenas tiene que ver con la suerte.

Es nuestro motivo inspirador

en aras de nuestra forma reivindicativa

de ser que nos marca toda la creación

que sale a nuestro encuentro con loores de naturaleza viva.

Las hojas del campo están resguardadas

de tal manera que están pendiente de la providencia

en el curso que marca vida en el universo

como voluntad que va hacia la percepción.

Todo tiene sus límites

que van más allá de un destino general

guiadas por una mano

al igual que el escultor quiere crear una escultura

o el pintor que pinta un paisaje

moldeando y pintando con la sencillez y complicidad

de la vida en una realidad compleja

que está preferentemente emanando belleza

de luz y color.

Las matemáticas son perfectas

para un equilibrio sabio y armónico

en la evolución de la creación

que surge en ese maravilloso aspecto del universo infinito.

Toda actividad es imprescindible en su momento

incluso en el mundo sensitivo

aunque haya una vida sucesoria

que influya en el momento presente

que redunden hacia una serie de generaciones y etapas

en que no todo es blanco o negro

sino gris

sin caer en un relativismo excesivo

sin que devive hacia una realidad negativa y afligida.

En una explosión de fuegos artificiales.

La teatralidad tiene que servir para la supervivencia

propia y ajena que devive en un balance

de una forma positiva de alegría y felicidad.

Con esta suerte de datos podemos afirmar

que el cerebro humano

rindiendo con sus capacidades hasta el último instante de la existencia

con mayor o menor fortuna

de tal manera que no podemos olvidar

el primer aliento de vida

que fue generador a nivel biológico

en su existencia en el origen de la Vida

con mayúsculas.