En el ámbito de la salud mental, el teatro adquiere una importancia destacable al ser una herramienta excelente para perseguir un fin terapéutico y educativo.
A menudo las personas con enfermedad mental presentan dificultades para manejar sus propias emociones, lo que dificulta mucho su vida.

Teniendo todo esto en consideración, trabajamos el teatro como una herramienta sumamente provechosa, porque nos permite expresar emociones, sentimientos, ideas, pensamientos, etc. Potencia el conocimiento del cuerpo y de la voz; desarrolla la concentración y la memoria, la capacidad de observación y la imaginación, y, sobre todo, entrena en la práctica individual y colectiva de la comunicación.

 

 

Significa establecer una relación con el mundo y los seres humanos. Por ello el teatro adquiere un valor educativo importantísimo, ya que permite desarrollar globalmente un conjunto de actitudes, procedimientos y conceptos interdisciplinarios que ayudan a la persona con enfermedad mental grave a tomar conciencia de la realidad que lo envuelve.  A través del teatro trabajamos aspectos tales como las habilidades sociales necesarias para la relación con las personas, la asertividad, la autoestima, el trabajo cooperativo, el ponerse en el lugar del otro, la psicomotricidad, las capacidades cognitivas y la creatividad, pero sobre todo trabajamos el conocimiento de nuestra persona, como una persona que reconoce ciertos síntomas. El darse cuenta de sus peculiaridades le sirve de ayuda para conducir su propia vida.

 

 

trabajamos el teatro como una herramienta sumamente provechosa

En los tres últimos años hemos incluido el tema de “la locura” en los guiones, como una forma de normalizar ante el estigma que se ha instalado en la sociedad y que hace de las personas con enfermedad mental un grupo excluido a causa de los prejuicios que sobre ellas se tienen. Las obras representadas siempre tienen que ver con algún valor sobre el que hemos trabajado (por ejemplo, la tolerancia), lanzando nuestros mensajes a la sociedad para contribuir así a un cambio social, presentar el rostro humano de esta enfermedad, y específicamente para trabajar desde las capacidades personales, no desde la discapacidad”.

Pero sobre todo, nos ayuda a sentirnos bien gracias al disfrute que nos regala, los imputs que interiorizamos nos ayudan a equilibrar lo negativo que pudiéramos llevar en nuestro bagaje. Desde lo terapéutico, el teatro sitúa nuestra realidad cotidiana en un segundo plano, a través de otras realidades creadas de forma ficticia, lo que nos permite evadirnos de nuestros problemas y por lo tanto, a que nuestra convivencia se haga desde la normalidad más absoluta con un proyecto en común: el “teatro de la vida”.