Año nuevo vida nueva, esta expresión se repite cada 31 de diciembre con firme intención de mejorar nuestro estilo de vida o nuestra salud física y mental, nuestra capacidad de aprendizaje y otros muchos aspectos de nosotros mismos que nos convertirían en “mejores personas“.

 

Es cierto que  el inicio de un nuevo año es un momento perfecto para pasar página , iniciar nuevos proyectos o cambiar ciertos hábitos poco convenientes o saludables. El año nuevo se percibe como un nuevo comienzo y como una gran oportunidad para cambiar lo que no nos gusta y mejorar aquello que nos parece más interesante, que nos ayudará a crecer psicológica, emocional,social, física e intelectualmente.

 

 El problema es que  los propósitos de Año Nuevo son mucho más fáciles de hacer que de mantener y, a finales de enero muchos ya han abandonado sus compromisos.

 

Para que esto no ocurra, podemos intentar hacer frente a ellos siguiendo una serie de puntos:

 

  •  Nuestros nuevos propósitos deben estar bien definidos, ser realistas y específicos

Elegir un objetivo alcanzable brinda la oportunidad de planificar exactamente cómo se va a logar el objetivo a lo largo del añor Por ejemplo, si lo que se pretende es bajar de peso, hay que plantearse cuántos kilos se quieren perder de manera realista en un tiempo lógico y proponerse cómo se va a conseguir (dieta, ejercicio diario, etc.).

 

  • Es primordial no llenar el cesto de nuevos propósitos, mejor centrarnos en uno y hacerlo bien

Intentar comprometerse con varios objetivos supone que al abarcar demasiado, se terminen descuidando todo.  Al fin y al cabo, cualquier momento es bueno para proponerse algo, no tiene que ser sólo cuestión del año nuevo

 

  •  Planificar, planificar, planificar

No podemos esperar a el último día para elaborar nuestro proyecto, de hecho los expertos sugieren que hay que pasar algún tiempo planificando cómo se va a hacer frente a un importante cambio de comportamiento. Por ello, para comenzar es importante hacer una lista de cosas que se pueden hacer para alcanzar el objetivo y tener en cuenta los obstáculos que se pueden interponer. De este modo estará todo listo para empezar el año con la propuesta bien hecha. En caso contrario, se corre el peligro de caer en la tentación o desfallecer ante la primera adversidad o, simplemente, de no saber por dónde empezar.

 

  • Evitar errores pasados

Intentar una y otra vez lo mismo sin resultados supone que la confianza en uno mismo decaiga. Por eso es importante evaluar qué falló las veces anteriores o hacer un planteamiento o enfoque distinto de los propósitos para el nuevo año.

 

  • En todo proceso de cambio pueden darse recaídas

Muchas personas terminan abandonando su meta cuando sufren un pequeño desliz. Pero si en vez de rendirse y verlo como un fracaso se considera un pequeño traspiés es más fácil salir reforzado y volver a tomar el camino planteado. Una recaída se convierte así en una oportunidad para aprender.

 

  • No guardes en secreto tu proyecto  busca apoyos

Tener un apoyo sólido por parte de amigos y familiares funciona. Por eso es tan importante contar a lo demás los planes y pedirles ayuda para conseguirlo. Puede que incluso alguien más se anime y se pueda plantear como un reto en común.

 

  • Renueva la motivación

Al principio es fácil mantener la motivación, especialmente si se pueden ver ya los primeros resultados. Pero poco a poco la tentación o la pereza empezarán a aparecer, y dejará de ser tan sencillo. Por esto es importante buscar nuevas fuentes de inspiración, hacer un seguimiento, hablar con alguien de los logros conquistados y, sobre todo,  anotar las reflexiones y las ideas que motivan ese cambio para poder leerlas cuando el ánimo flaquea.