La Esquizofrenia es una enfermedad cerebral severa, de curso habitualmente deteriorante. Se diagnostica entre los 15 y 20 años de edad, aunque existe evidencia que la enfermedad

ya se encuentra presente de un modo sutil en la niñez.

Cuando se manifiesta en forma de brote psicótico, con delirios, alucinaciones de voces y comportamientos paranoicos, normalmente en el inicio de la edad adulta, la esquizofrenia está ya en su fase final y podría haber sido detectada antes..Los especialistas, sin embargo, no se ponen de acuerdo sobre la conveniencia de realizar campañas de detección precoz, dado el peligro de falsos positivos y que todavía no existe un tratamiento preventivo eficaz. Los síntomas serían déficits cognitivos (asociados a un bajo cociente intelectual), desórdenes emocionales y pérdida de motivación y de habilidades sociales.

 

Un grave problema para su identificación es que coinciden con la adolescencia, una época turbulenta en el desarrollo de cualquier persona y asociada a cambios en el cerebro. Algunos estudios han correlacionado la maduración tardía desde el primer año de vida y el bajo cociente intelectual a la enfermedad, y uno ha predicho en adolescentes los brotes con años de antelación, en un porcentaje significativo.
Detectar de forma temprana la esquizofrenia constituye la mejor oportunidad para mejorar la calidad de vida del paciente.
Junto con el apoyo familiar, otros dos factores que determinan un buen pronóstico, junto con la adherencia a la medicación y la conciencia por parte del enfermo y su entorno de la necesidad de tomarla.

 

Es importante pensar que un buen pronóstico debe traducirse en una recuperación funcional del paciente. Si controlamos ese periodo crítico, situado entre los tres y cinco años primeros años de evolución de la enfermedad, ayudamos a cumplir esos objetivos, estamos augurando al paciente un pronóstico y un futuro mucho mejor.

Los tratamientos farmacológicos tradicionales hay que considerarlos de suma importancia los efectos de la terapéutica integral, desde los puntos de vista clínicos y sociales.

En la esquizofrenia encontramos como síntoma la pérdida de contacto con la realidad, incluyendo particularmente delirios , como ideas falsas acerca de lo que está sucediendo y la identidad de la persona, así como alucinaciones, que consisten en ver o escuchar cosas que en realidad no existen. La esquizofrenia es un trastorno cerebral serio, por la cual los enfermos tienen dificultades para diferenciar las experiencias reales y las irreales, pensar de manera lógica, tener respuestas emocionales normales ante los demás y comportarse normalmente en situaciones sociales.

Los factores genéticos parecen jugar un papel importante, ya que las personas que tienen miembros de la familia con esquizofrenia pueden estar más propensos a adquirir la enfermedad.

Los factores psicológicos y sociales también pueden tener una gran importancia, a tal punto que el nivel de apoyo social y familiar parece influir sobre el curso de la enfermedad y puede ser protector contra la recaída, por ello es importante los tratamientos psicosociales que abarcan estos factores, desde un punto de vista social y psicológico.

La enfermedad suele aparecer, en los varones «en la adolescencia tardía, los 18 años, y el inicio de la madurez, alrededor de los 25 años, y en las mujeres a partir de los 27 o los 28 años.Por ello es importante aplicar los tratamiento psicosociales de forma temprana, evitando así posibles recaidas y diminuir el deterioro cognitivo.

Una detección temprana aumenta el buen pronóstico y mejora la recuperación funcional de la persona en su dia a dia. La aplicación de tratamiento psicosociales asi como la participación programas terapeúticos van a ser fundamentales para un buen pronóstico: programas psicoeducativos, programas de prevención de recaidas y programas de habilidades sociales, entre otros.